lunes, 18 de agosto de 2008

El tiempo es relativo, pero el tiempo pasa.

18 de agosto de 2008 10:53h

Sinceramente hoy desconozco por completo mi estado de ánimo real. La sensación es onírica, como de no estar viviendo una realidad, como si estuviera en pleno proceso de aletargamiento. Como si al despertar no supiera cuál es mi realidad: ¿lo que he soñado mientras dormía, o lo que veo ahora? ¿Estoy despierta o sigo dormida?

Se fue hace ya casi 6 meses, y su ausencia sigue siendo dolorosa, y su recuerdo cada vez menos estático. Su recuerdo me parece más una fantasía que una realidad del pasado.
Me miro a mí misma como una eterna soltera, el tiempo que éramos pareja, ya no me parece real, aquello fue un paréntesis en mi estado normal, en mi condición natural de soltera. ¡Qué atrevimiento! Pensar que estamos destinados a encontrar una media naranja, a nuestra otra mitad, como si fuéramos seres incompletos al no tener a alguien a quien querer, a alguien por quien ser querido.

Él volvió hace ahora casi un año, al volver me avisó de que tenía planes para viajar durante un periodo indeterminado de tiempo. Que necesitaba dar la vuelta al mundo, que necesitaba hacer “su viaje”, sólo, encontrarse a sí mismo. Hace casi un año, que él me avisó, diciéndome que no estaba seguro de si tenía sentido volver conmigo, no me dí cuenta de que tenía menos sentido todavía, ser yo la que volvía con él.

Recuerdo conversaciones intensas, mirarle a los ojos era desnudarle, hablarle de sus miedos, de sus inquietudes, de su escasa capacidad de compromiso. Yo notaba que no se sentía cómodo del todo, él hubiera preferido ser anónimo, que su verdadera esencia no me fuera revelada, pero yo siempre he sentido que le entiendo, en el sentido más amplio y profundo en que se puede entender y comprender la personalidad del otro. Cuando él sentía esa mirada mía en sus ojos, lloraba, como un niño pequeño, asustado, se abrazaba a mi regazo, se escondía en mi hueco, ese hueco que todos tenemos para cobijar y dar consuelo a otro ser.
Imagino que aquello, en realidad, era vergüenza, era remordimiento, debía de dolerle ver cuánto le quería mientras él me engañaba, le daba miedo mantenerme la mirada, por si mirándole lo descubría todo: Que realmente no me quería, quizá a su modo sí me quería, pero no del modo en que yo pensaba que lo hacía. En eso no mintió, estoy segura de que me quiso, quizá todavía me quiere, pero no me ama, no estuvo ni está enamorado. No sabe lo que es eso. O quizá lo supo una vez y la comparación de aquella vez con lo que sentía por mí, le hizo decidir que no era suficiente como para apostarlo todo por nuestra relación.
Creía conocerle, y ahora no estoy segura de quien es, ni de si realmente le conocí un poquito. Ahora no sé qué sentido tendría, qué sentido tiene, seguirle queriendo. Soy estúpida queriéndole, y me baso en las “Leyes fundamentales de la estupidez humana


Ahora me doy cuenta de que aquella nueva relación, tenía poco que ver con la que habíamos tenido antes, el año anterior fue una relación con menos vida, con menos implicación, con menos demostración de sentimientos. En la nueva relación, nos sentimos felices. Nos bebíamos el alma cada vez que estábamos juntos, porque inconscientemente, sabíamos que era finita, que él se iría en Febrero, y que no sabíamos ni cuando volvería de su viaje, ni qué podría pasar durante su ausencia, ni qué iba a pasar cuando volviera. Quizá por eso fue mucho mejor de lo que nunca nos habríamos imaginado. Fue la época más feliz que hemos compartido juntos. Pero llegó Febrero, y él se fue, y toda aquella magia y todos los besos dulces también. Recuerdo el último beso. Yo estaba ya dentro del coche, ya nos habíamos abrazado unas cuantas veces como si no fuera a haber más abrazos, ya nos habíamos despedido como si no fuera a haber más despedidas que aquella. Le vi como se alejaba, de espaldas a mí, recorrí con mi mirada el perfil de su silueta cada vez más pequeña. Esperaba que se diera la vuelta para mirarme otra última vez, entonces arranqué el motor, aceleré levemente hasta llegar a su altura. Freno de mano, me tiemblan las piernas, le miro, me mira, y siento una punzada amarga en el corazón, ya no presiento nada bueno en el futuro para los dos. Y duele. Duele todavía ahora, al recordarlo. Sigue mirándome a través del cristal de la ventanilla del coche, bajo el cristal.

Me besa. Él a mí. Me bebe el alma, siento como si quisiera absorberme, marcar ese beso en la memoria de los dos, para recordarlo cuando estemos lejos. No recuerdo que nunca me hubiera dado un beso como aquél. Creo que aquel beso, significó más que todos los anteriores juntos. Y eso hace que le siga recordando con tanto amor, con tanta intensidad. Casi puedo sentir el sabor de su boca en mis labios mientras escribo estas líneas. Casi no puedo evitar que me suba ese gran nudo a la garganta. Miro al infinito después de escribir estas líneas, este sol de agosto que ilumina las calles de un modo extraño, como si fuera un sueño. Como si lo que ven ahora mis ojos fuera el recuerdo, y el recuerdo de aquello que acabo de escribir fuera mi presente. Han pasado 6 meses desde aquel beso. ¿Seis meses? ¿Qué he hecho yo en estos seis meses? Es como si los meses hubieran pasado como si fuesen horas. Y me despierto como si hubiera dormido eso, 6 horas. Por eso el recuerdo es tan vívido, he dormido 6 horas, todavía tengo sueño, siento el peso de mis párpados, todavía debo despertarme de esta sensación onírica. Mientras dormía he soñado muchas cosas, un cambio de trabajo, nueva gente, nuevas amistades, he conocido a alguien especial, aunque no lo recuerdo muy bien, la boda de una amiga, una cena de verano de empresa, unas vacaciones en Cadiz… he vivido seis meses de mi vida, como si fueran un sueño, como si sólo hubiera dormido 6 horas, y necesitara dormir otras 6. Así me siento ahora, como si no supiera si estoy despierta o si todavía sigo dormida.

4 comentarios:

  1. La magia hi és on menys l'esperes però és molt difícil de trobar...

    Molts ànims!

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, ya que estoy aquí diré algo.

    No te comas la olla. Es cierto eso de que tu media naranja no existe. Y la 'magia' es para los niños (ho sento haller). A mi me hicieron falta casi 7 años perdidos para darme cuenta.

    ¿Compromiso? ¿Para qué? Si luego la hostia es mucho peor ...

    No es por desmoralizarte, es por darte la razón. Existimos los solteros crónicos y lo que tenemos que hacer es juntarnos para 'consolarnos' (si es que ese consuelo es necesário ...) y pensar que no somos la única persona que morirá sola.

    Un beso chica (y recíbelo de buen grado :D)

    ResponderEliminar
  3. Anónimo05:47

    No soy muy bueno dejando mensajes, ya que es todo un arte de la síntesis aforística, cosa que yo no tengo. Me gustó mucho tu relato, me parece desatinado ponerle la etiqueta de estupidez.
    (no me acuerdo qué dije en otro comentario=
    salu

    ResponderEliminar
  4. Anónimo03:35

    asi me siento yo tambien comparto este sentimiento

    ResponderEliminar

Ya que estás aquí.. di algo, no?